sábado, 17 de agosto de 2019

En la playa sola de noche, de Hong Sangsoo

Siendo la segunda película que veo del director quedan claras varias cosas: la importancia que da al alcohol y el tabaco en la sociabilidad (fiel reflejo de la vida; casi se diría que es europeo), su cine es eminentemente conversativo y naturalista (no busca grandes efectos, sino reflejar el interior de los seres humanos a través de las conversaciones y acciones), su naturaleza elíptica (no le importa cortar las historias sin desenlace claro, la vida sigue). En algunos momentos puede llegar a recordar al cine iniciático de Kieslowski, aunque el de Sangsoo es mucho más calmado y pausado. La gente que muestra no lucha por ideales generales, sino por sobrevivir y vivir el día a día, casi se diría que están desesperanzados o asimilidados a los tiempos modernos (del primer mundo). Porque quizá una de las cosas que mejor refleja En la playa sola de noche es eso: plantear qué hacemos con nuestras vidas, desde un sentido nada catástrofita y levemente existencialista, sin excesivo drama (aunque la protagonista Younghee cuando se pone seria es de armas tomar).

Existen tres partes claramente diferenciadas: en la primera vemos a Younghee a su llegada a una ciudad de Alemania (leo que Hamburgo) y las acciones cotidianas junto con una amiga suya (mayor que ella) también surcoreana. Contrasta la comunicación que se establece entre ellas: la tranquilidad de que hablando en su idioma nativo en una ciudad europea nadie las va a entender: poder hablar de absolutamente todo lo que te de la gana, sin cohibirse, aun estando rodeadas de innumerables personas (aunque... ¿por qué se pone rojo como un tomate el chico del que hablan en la sala de espera?). En estas conversaciones se va dirimiendo el peso de sus vidas: Younghee es una actriz que está(ba) ennoviada con un famoso director de cine, a su vez casado: parece que viaja a Europa para huir de la presión mediática y social: aunque tiene la esperanza de que el director se reúna con ella (en un momento, tras dibujar su rostro en la arena de la playa, se pregunta: ¿estará él pensando en mí como yo pienso en él?). Por su parte, la amiga necesita la soledad para vivir aunque en el fondo le gustaría ser tan atrevida como Younghee. No carece de momentos cómicos: aparte del mencionado cuando el hombre del que están hablando se pone rojo como un tomate (según la conversación); también hace soltar carcajadas cuando están reunidos con unos amigos alemanes y va a la cocina y recrimina a su amiga que no hable, ¡que ella no sabe qué mas decir!. El final de esta primera parte es un poco obscuro: un hombre que les está rondando desde antes se la lleva en brazos de la playa a la que acude: ¿representación de su país, que la insta a volver?

En la segunda la protagonista ya se encuentra en Corea del Sur, concretamente en una zona poco habitada (¡no está preparada para Seúl!), que parece ideal para desconectar. Allí se encuentra con unos antiguos amigos, al principio la situación es un poco torpe, como pasa a veces cuando estás mucho tiempo sin ver a una persona; y poco a poco se va animando. Especialmente memorable y desternillante la escena donde la novia de uno de los amigos de Younghee se enfada con él porque le está diciendo que "son sólo amigos" (la novia no está en la conversación, escucha desde lejos). No te lo esperas, y resulta genial. Se reúnen a cenar y la conversación es distendida y profunda: hablan  sobre el amor verdadero, la belleza, la atracción sexual, la capacidad o no para amar, el paso del tiempo, etc. La tercera parte es cronológicamente continua a la segunda (de forma que se podría considerar sólo una, como hace el director): Younghee decide pasar la noche en un hotel: allí se encontrará con antiguos compañeros de trabajo y más adelante con el director del que estuvo enamorada. Resulta fascinante el patetismo con que refleja el (des)amor en la conversación mantenida; Sangsoo parece decirnos que el ridículo es consustancial al amor.

Un film de una gran belleza visual y sensitiva, conmociona por el retrato de las emociones.



Nota: 7,25/10.

PS. Escena entre cómica y tétrica es la del hombre en el balcón de la habitación del hotel, al que parece que no ve nadie. ¿Es el mismo hombre de la primera parte del film? ¿Humor absurdo (ver cómo limpia los cristales) o pretende ir más allá?

viernes, 16 de agosto de 2019

Ahora sí, antes no, de Hong Sangsoo

El planteamiento de la película es original, no en el sentido que no se haya hecho antes (Manoel de Oliveira, por ejemplo, hizo algo similar con una película que representa una obra de teatro cuyo título no recuerdo), sino en el de que hay que ser valiente para atreverse: por resumir: pone en perspectiva dos situaciones repetidas con variaciones en su transcurso; de ahí el título, supongo: antes no, ahora sí. Y es que en la primera representación de las situaciones (pongámonos en situación: un famoso director de cine independiente (¿alter ego de sí mismo?) trata de ligar con una desconocida en una ciudad nueva a la que ha llegado un día antes para presentar su película y dónde no conoce a nadie) vemos como todo transcurre con torpeza, sin confianza, está cohibido; y a pesar de que la cosa no fluye como debería existe una conexión evidente, simplemente no termina de cuajar. Supongo que es el antes no. Se repiten las situaciones con variaciones en su desarrollo, ahora el protagonista tiene más confianza en sí mismo (se nota) y la conversación fluye de forma menos embolicada (ahora sí). Aún así, en ambos casos se dan situaciones que rozan el patetismo, incluso puede que más en la segunda: me refiero principalmente a las escenas del bar: una por pánfilo y no saber qué decir, la otra por teatrero y embaucador. A pesar de la torpeza de la primera historia, el rechazo definitivo de la dama se da en las postrimerías de la noche: cuando descubre que ha usado un truco a la hora de evaluar su arte (y que está casado). El momento decisivo de la segunda historia diría que es cuando se entera de que se ha desnudado frente a sus amigas (mientras ella bajaba el ciego); ese tipo de locuras la hacen reír y le atraen. De todas formas, en ninguna de las historias alternativas entre sí llegan a las relaciones sexuales, el culmen de toda relación ocasional si así puede decirse: la primera porque ella no quiere, la segunda porque ella no puede y después él ya no quiere (a pesar del aprecio que probablemente dure toda la vida; ¡no le gusta el cine y está decidida a hacerse fan de sus films!). A su vez, se nos muestra cómo repercute el éxito y fracaso social/sentimental en las relaciones con los demás: en la primera historia el director está irascible y deja plantado a quien le ha llevado a dicha ciudad en la ronda de preguntas porque piensa que es un esnob y charlatán; en la segunda se les ve tan campantes charlando entre sí (¡aunque sea el mismo esnob charlatán!). Personalmente, a pesar del desenlace y del título, no me queda claro si Sangsoo se decanta por una forma u otra, y me choca que en la triunfante haya una serie de trampas, como la escena en el estudio donde el protagonista da su opinión sobre la pintura de la chica, que coincide con lo que ella le contó a él en el primer relato. Fuera como fuere, aunque a veces uno pueda dudar de si le están tomando el pelo, es un film que merece la pena ver.



Nota: 7,5/10

PS: Choca ver cómo los coreanos del sur se emborrachan en casa poniendo las bebidas alchólicas en ¡cuencos!

lunes, 5 de agosto de 2019

Diarios, Lord Byron [Citas y apuntes]

* "Pero no sé de nadie al que haya mejorado el matrimonio. Todos los emparejados de mi tiempo son calvos e infelices. Wordsworth y Southey se han quedado sin pelo y sin humor, y mira que Southey tenía en cantidad."

* Triángulo de los mejores escritores de su tiempo atendiendo a los criterios de la sociedad más que a los suyos propios:
                                                    W. Scott

                                                     Rogers

                                             Moore-Campbell

                                    Southey-Wordsworth-Coleridge

   -----------------------------------Los muchos---------------------------------

* Para el Byron que escribe los diarios (es decir, que ha sobrepasado los 25 años, según él ya ha terminado lo mejor de la vida) ser escritor, poeta, intelectual, etc. es poca cosa, desperdiciar el talento, los triunfadores son las gentes de acción y los que son capaces de gobernar y/o influir en el funcionamiento del mundo. Refiere varias veces, de distintas formas, a ello: "si considero que la preferencia que se tiene hacia los escritores por encima de los individuos activos, el formidable revuelo, propio y ajeno, que se monta alrededor de los escribas y su garabateo, es un signo de afeminamiento, degeneración y debilidad. ¿Quién que tuviera algo mejor que hacer escribiría? "Acción, acción, acción", dijo Demóstenes: "Acciones, acciones", digo yo, y no escribir... y menos aún rimar.  Echemos un vistazo a las lloriqueantes y monótonas vidas del "género". Salvo Cervantes, Tasso, Dante, Ariosto, Kleist (que fueron ciudadanos activos y valientes), Esquilo, Sófocles y también algunos otros de la antigüedad, ¡qué indigno y holgazán linaje es éste!"




domingo, 23 de junio de 2019

Kodachrome, de Mark Raso (2007)



Lo sé, es una peli pretenciosa, sentimentaloide, ñoña, ilusoria, cándida, previsible y demás epítetos que se le quieran añadir. Pero me ha gustado. Y me ha emocionado por momentos, como buen bobo que soy. No la considero una gran obra y probablemente no la recomendaría así como así, pero merece mi aprobado (vamos que da para lo que da, pero aún así...). Porque a veces también necesitamos sentirmos reconfortados, pensar en que las cosas saldrán bien, que la vida dará un giro y serás capaz de redimirte del pasado, mirando hacia el futuro con momentos de felicidad compartida. Y esto es precisamente lo que te ofrece este largo, que con un ritmo lento y algún toque humorístico y tierno, consigue captar la atención.

Y por si ello no fuera suficiente, la banda sonora es ejemplar. Sólo por descubrir a un grupo superlativo como Galaxie 500 ya ha merecido la pena.

                                           


lunes, 17 de junio de 2019

Detachment (El profesor), de Tony Kaye (2011)

Está lejos de ser una obra redonda, pero deja tocado al espectador. Podríamos decir que Detachment es una película de Todd Solondz desde la perspectiva de Tony Kaye. Es decir, pesimista hasta el extremo, aunque con otra forma de contarlo. Porque si queda algún mensaje tras esta película es que siempre se impone el egoísmo en nuestras vidas de mierda y que con ser muertos en vida y ser capaces de sobrellevar los problemas ya tenemos suficiente. Podría criticarse el uso de las cámaras, el pastiche que arma (con personaje reflejado en la misma película, autora de obras de pastiche excelentes), empero lo hace con tal talento que suma. Podría criticarse que se queda en la superficie de la mayoría de personajes, pero los enfoca con tal contundencia y falta de compasión que aniquila. Lo mejor de esta película es que rompe con el maniqueísmo intrínsecamente norteamericano de buenos y malos; cada cual ejerce acciones y pensamientos que beneficia o perjudica a uno mismo y segundos. Por ejemplo: vemos al protagonista principal (representado espléndidamente por Adrien Brody) enfadarse como un basilisco, fuera de sí, con la enfermera por llamarle a horas "intempestivas", y asimismo cómo acomete el cuidado de su moribundo abuelo pese a que sabe que abusaba de su difunda madre, y también como ayuda a una joven prostituta para después abandonarla. Y sinceramente, es una pena: el miedo a comprometerse, a permanecer en el mismo sitio, a mostrar debilidad sentimental, a dejarse llevar; probablemente afectado de por vida por sus traumas de niñez. Porque la relación que apenas se establece entre ellos es hermosa; con afecto, cariño y comprensión por parte de ambos, cada uno aporta al otro lo que necesita. Y en cambio no tiene reparos en hacer lo que considera que debe hacer. Dejar todo atrás. Ser un muerto en vida.

De cada personaje podemos extraer similares comportamientos y reflexiones.

El presente es una mierda y no hay futuro.

Me duele el estómago.

Con todas las objecciones que le queramos poner, sigue siendo un peliculón.

(Y uno se enamora de Sami Gayle).




domingo, 16 de junio de 2019

Blanco sobre Negro, de Rubén Gallego

Rubén Gallego es minúsvalido, y lo que al principio parece que va a ser como una novela de Albert Espinosa (¡todo tan bonito y tan bueno y tan mal elaborado!) va alzando el vuelo y muestra sin ostentación, en forma de capítulos cortos que pueden funcionar como relatos independientes -aunque unos tienen que ver con los otros, se va acumulando la información- las penurias y miserias que tiene que pasar un minusválido primero, y un anciano posteriormente (en genérico). Ocurre todo ello en Rusia en los años 70 y 80, pero con salvedades materiales y de gradación principalmente, creo que podría darse en cualquier parte del mundo incluso hoy en día. Con una prosa directa y seca, con cierta similitud con la de Agota Kristof en Claus y Lucas, aunque ciertamente muy alejada en cuanto a nivel literario, sus historias van calando y haciendo mella en el lector.  No es una obra literaria especialmente destacada pero por su contenido y forma de contarlo sí que resulta interesante; quiero decir con ello que no es una obra que recomendarías encarecidamente leer, pero que tras su lectura deja un poso y suscita el pensamiento.


viernes, 19 de abril de 2019

UNCLE HOWARD,de Aaron Brookner (2016).



El planteamiento del film es atractivo y atrayente, vemos construir (o desarrollar) un mito
acerca de su tío, fallecido prematuramente director de cine. Enseguida, según se nos
muestra con quienes se codeaba (Burroughs, Jarmusch, DiCillio entre otros) intuimos lo que
pudo haber llegado a ser como director de cine Howard Brookner. La frustrada proyección
de su no-carrera como cultivador de arte es una trama importante, aunque no la única, ya
que a través de la investigación filmada del sobrino (ya crecido) y director de este
largometraje Aaron Brookner, reconstruye retazos de la vida personal de Howard; también
es central la relación de y la admiración que profesa Aaron hacia su tío. Es indudable el
atractivo y el encanto (como bien se comenta) de Howard, y a través de las palabras de sus
compañeros de época y trabajo podemos intuir el talento natural que tenía el protagonista,
además a partir de las palabras de los otros podemos imaginar cómo eran sus relaciones y
cómo vivía, asimismo los retazos filmados por él mismo e insertados
convenientemente en la película nos dan flashes de su manera de hacer y proceder.
Simplemente por la forma en la que está compuesta Uncle Howard, con esas inserciones
constantes de documentos visuales de otras épocas que complementan a las imágenes
actuales, con la rememoración del pasado a partir de dichos diversos documentos,
buscando distintas voces (y fuentes) autorizadas, desde la humildad (¡sí, la grandilocuencia
en esta obra llega en todo caso a través de lo transmitido!), haciendo volar la imaginación,...
merece la pena ser visto. Podríamos ponerle pegas en el sentido que quizá es demasiado
fragmentario o acrítico, que apenas logramos vislumbrar la superficie de una persona muy
interesante, pero seguro que su tío estaría orgulloso de lo hecho por Aaron. Asimismo, es
un film que muestra la contundencia con la que la enfermedad del sida causó estragos en
los años 80, así como la visión de aquella época acerca de la homosexualidad (para bien y
para mal, según los entornos y los casos), y que finaliza con un mensaje muy potente: no
importa tanto la edad con la que mueras sino si has hecho lo que has deseado durante ese
tiempo. Y la tristeza por la muerte de su amigo…rodada por Howard filmandóse a sí mismo, es admirable y asombrosa, por el elemento identificativo, ¿quién no ha bailado y/o escuchado música, a solas, por tristeza?

(Foto: Sundance Film Festival (https://variety.com/2016/film/reviews/uncle-howard-review-sundance-1201689564/))

domingo, 15 de julio de 2018

Arab Jazz, de Karim Miské

Novela negra de nuevo milenio, consigue lo que se debe esperar de toda novela de dicho género: enganchar al lector. Situada en Francia y adaptada a los contextos actuales (inmigración, religión, corrupción, individualidad, globalización, sexualidad), tiznada de cultura literaria (James Ellroy, Horace McCoy, etc.) y musical (Patti Smith, Portishead, Ganisbourg, etc), paralelamente a la historia criminal que se narra el autor trata de mostrar una visión crítica hacia la realidad de los 2010s, usando como escenario principal un barrio humilde y repleto de inmigrantes. Además de las referencias culturales, lo más conseguido de la novela es el interés que suscitan los personajes principales (Ahmed, Rachel, Jean), introducidos de forma escalonada y por capítulos, a los que se irán sumando el resto de protagonistas. Con un estilo sencillo, siendo una obra entretenida y que trata de ir más allá en algunos aspectos, con situaciones humorísticas conseguidas, no deja de llamar la atención cómo el narrador va escatimándonos datos y situaciones, pese a saber ya la resolución de la investigación, y los va soltando a conveniencia y desde distintas perspectivas, entrelazando las historias de forma poco cuidada e incluso podríamos decir tramposa. Pese a mostrar distintos focos sobre los que prestar la atención, no indaga lo suficiente en ninguno de ellos, si bien sirve para tomar conciencia (Miské es crítico de forma tangencial sobre la religiosidad radical, la impunidad que tienen cuerpos policiales en cuanto a corrupción, la forma de vivir la sexualidad de gente que no acaba de encontrar su sitio, la perversión y atracción de hacer el mal, las acciones que conllevan conseguir dinero y poder, el aprovechamiento de las sectas sobre seres dubitativos, etc.).

En definitiva, una novela para pasar el rato y algo más.



VALORACIÓN: **

domingo, 17 de julio de 2016

La escena del baile

La maravillosa escena del baile de la película de John Ford El joven Lincoln, con las mujeres jóvenes con sus vestidos de faldas holgadas y ostentosas, con los hombres jóvenes elegantes y moviéndose al ritmo de la música y de las damas, todo tan mecánico, tan anacrónico; y al mismo tiempo tan bello y tan sublime; ¡y tan impostado!; me ha hecho pensar en la reliquia que todavía persiste a día de hoy: la ceremonia conocida como boda nupcial donde la mujer juega a ser de otra época llevando un vestido ostentoso y antediluviano y el hombre hace de dandy y seductor con su traje elegante, encorbatado, ejerciendo de caballero. A la gente le fascina la idea asociada a la boda, todo lo que la misma celebración lleva implícito, especialmente en el sentido romántico e idealista: momentos inolvidables, jugar a ser de otro siglo, interpretar otras personas, estallar la felicidad en esos instantes. Una celebración anacrónica con un sentido de ser más allá de la tradición, convencionalismos, religiosidad o beneficios materiales. 

sábado, 17 de diciembre de 2011

Benjamin Button, la terrible maravilla de David Fincher

La historia más triste jamás contada.

Debo confesarlo: termino de ver por primera y única vez El curioso caso de Benjamin Button. He quedado "tocado".

La muerte está presente a lo largo de toda la película, y nunca nos abandona. Se pierden vidas cada día, algunas nos importan, pero la vida, el espectáculo, debe continuar. Cada día es nuevo, y en cambio, la tristeza se va acumulando. Un día conoces a alguien y al siguiente desaparece. El sinsentido del vivir, lo macabro de la vida, el absurdo, es el principal aroma que desprende la pieza de Fincher. Da igual que se invierta el sentido, las fases. Los seres queridos, si es que los tenemos, se irán. Nosotros nos iremos. Los sentimientos, los recuerdos se perderán. Perecer antes o después, ésa es la cuestión. Mientras tanto, nos empeñamos en perder el tiempo, gastar el reloj que cuenta lo que nos queda en este mundo. Si no estás conforme con tu vida: empieza de nuevo, nunca es tarde. Si encuentras el amor, aprovechalo. Busca nuevas experiencias y especialmente, vivir acorde a tu corazón.

Obra maestra. Magistral. Emotiva.

Puedes estar loco como un perro rabioso por como fueron las cosas. Puedes insultar, maldecir el destino pero al llegar al final... debes resignarte

No hay nada malo en llorar.

martes, 1 de noviembre de 2011

Las palabras, la infancia y la literatura para Sartre

Boussenard y Jules Verne no pierden la ocasión de instruir; en los instantes más críticos, cortan el hilo del relato para lanzarse a la descripción de una planta venenosa, de un poblado indígena. Como lector, me saltaba esos pasajes didácticos; como autor, llenaba mis novelas con ellos; pretendía enseñar a mis contemporáneos todo lo que ignoraba; las costumbres de los fueguinos, la flora africana, el clima del desierto. Separados sin quererlo y luego embarcados sin saberlo en el mismo barco y víctimas del mismo naufragio, el coleccionista de mariposas y su hija se aferraban a la misma boya, levantaban la cabeza, los dos daban un grito: "¡Daisy!", "¡Papá!". Desgraciadamente un tiburón buscaba carne fresca, se acercaba, brillaba su vientre entre las olas. ¿Escaparían de la muerte los desgraciados? Iba a buscar el tomo "Pr-Z" del Larousse, lo llevaba penosamente hasta mi pupitre, lo abría en la página correspondiente y copiaba palabra por palabra pasando a la otra línea: "Los tiburones son comunes en el Atlántico tropical. Estos grandes peces de mar muy voraces, alcanzan hasta trece metros y pesan hasta ocho toneladas..." Yo me tomaba el tiempo de transcribir el artículo; me sentía deliciosamente aburrido, tan distinguido como Boussenard y, como aún no había encontrado la manera de salvar a mis héroes, seguía tomándome el tiempo entre exquisitas angustias. (p.120-121)


Este párrafo revelador desvela, en cierta manera, la "metodología Houellebecq". Y deja patentes las influencias "confeccionales" de Michel. La divulgación como pausa, como respiro, tanto para el creador como para el autor. De esta forma, éste último, dispone del tiempo necesario para pensar o pulir más la trama o las ideas que se deseen expresar sin quedar "paralizado". Houellebecq es un genial escritor, puede que no en la cantidad y dominio de los recursos (aunque pienso que está infravalorado en este aspecto), sino por la capacidad de crear un abismo en el interior, la mente y el corazón, del lector. Vacío. Y la estrategia descrita, parece ser que influenciada por Boussenard y Verne, le ayudan a ello. Porque la explicación de la vida de una mosca o del funcionamiento de un avión, por poner dos ejemplos, aportan ese respiro a veces necesario en la desoladora atmósfera típica houellebequiana, que sin embargo es un respiro ficticio, ya que digamos, hace "mirar hacia otro lado" sin cambiar el estado de ánimo. Y cuando quiere nos devuelve a donde estábamos, o a otro lugar, pero con el mismo regusto amargo y la misma avidez por seguir leyendo, si no adicción.

Las palabras de Jean-Paul Sartre es una autobiografía centrada sobre todo, en la niñez del autor y su relación con los libros, las palabras. Lo bueno es que transversalmente conocemos a su familia, la forma de pensar de Sartre o las experiencias que vivió. Así pues, se puede interpretar que las palabras son sólo la excusa, y al mismo tiempo, el motivo de su vida. Porque tal y como se cuenta: desde niño se vio atrapado por la magia de la lectura y de la escritura. Incluso se consideró un elegido. Tierna historia, a veces algo reiterativa; impecablemente escrita y sin embargo, creo que le falta algo de "poesía": se nota la emoción del autor al rememorar su infancia y en cambio no logra contagiar al lector (al menos a este lector que ahora escribe). Conforme se acerca al final, sus aseveraciones, o sus opiniones, van ganado en concisión y precisión; a mi juicio, se vuelven más brillantes, probablemente porque en estos momentos ya dejó atrás la niñez y toda la incertidumbre e incapacidad del "pensamiento enfocado" de esta etapa.

Es mi costumbre y además es mi oficio. Durante mucho tiempo tomé la pluma como una espada; ahora conozco nuestra impotencia. No importa, hago, haré libros; hacen falta; aun así sirven. La cultura no salva nada ni a nadie, no justifica. Pero es un producto del hombre: el hombre se proyecta en ella, se reconoce; sólo le ofrece su imagen este espejo crítico. (p.214)


PS: BONUS TRACK: Y en algún momento de la autobiografía nos declara el leit motif de su oficio y su pasión: "Como estaba perdido, para obedecer a Karl acepté la aplicada carrera de un escritor menor. En una palabra, me lanzó a la literatura por el cuidado que puso en separarme de ella; hasta el punto que aún hoy me ocurre que me pregunte, cuando estoy de mal humor, si no he consumido tantos días y tantas noches, llenado tantas hojas de papel con mi tinta, lanzado al mercado tantos libros que nadie deseaba con la única y loca esperanza de gustar a mi abuelo. Sería una farsa: más de cincuenta años después me encontraría embarcado, para cumplir la voluntad de un hombre muerto hace mucho tiempo, en una empresa que él no dejaría de condenar. (p.137)"
Título: Las palabras
Autor: Jean-Paul Sartre
Traducción: Manuel Lamana
Editorial: Losada
216 páginas

domingo, 23 de octubre de 2011

El ejército enemigo de Alberto Olmos

El libro comienza bien, con una primera y segunda frase que se pueden entender como un minitributo a Albert Camus y/o Michel Houellebecq:

“Hoy ha muerto mamá. O quizás ayer. No lo sé. Recibí un telegrama del asilo: “Falleció su madre. Entierro mañana. Sentidas condolencias”. Pero eso no quiere decir nada. Quizá fuera ayer.” (Inicio de El extranjero, Albert Camus)

“Mi padre murió hace un año. No creo en esa teoría según la cual nos convertimos en verdaderos adultos cuando mueren nuestros padres; nadie llega a ser nunca un verdadero adulto.” (Inicio de Plataforma, Houellebecq)

“Dijo que tenía algo para mí, por eso estaba aquel día de camino hacia la casa de mi amigo muerto. Su madre me lo dijo.” (Inicio de Ejército enemigo, Alberto Olmos)


Incluso logra su propósito de transmitir la mediocridad, la monotonía, la imperfección o la bajeza del ser humano. Además de la impostura reinante en la sociedad occidental: la contradicción y la hipocresía de la gente por fingir que se interesa por los demás, que se solidariza por los menos beneficiados en este mundo de azares; cuando lo único que hacen es adoptar una pose, y en algunos casos, tranquilizar sus conciencias. La novela avanza despacio con solidez, recordando en los primeros pasajes y las primeras páginas, un estilo houellebequiano; intercalando la narración de la vida del protagonista, un trabajador mediocre con una vida mediocre, con una visión crítica de la sociedad y del ser humano. En cambio, llega un momento que en mi opinión, se embarulla toda la trama, se pierde el hilo principal, nos vemos abocados a un exceso de modernez y a querer reflejar la realidad contemporánea con demasiado realismo (blogs, redes sociales, correos electrónicos, videos porno, sexo por internet, etc.): quizá no sea por esto por lo que falla la novela, además la idea es original e interesante (un amigo muerto le deja la clave de su email como herencia para que pueda hurgar), sino porque da la sensación de ser todo un poco caótico e improvisado y también de ser la trama algo débil. Desde este punto de vista, podemos afirmar que lo importante en este caso no es la acción, sino el mensaje contenido. Crítico, certero, políticamente incorrecto, nada maniqueo. Son opiniones, reflexiones, análisis argumentados, exposiciones que no deben dejar indiferente al lector; que tienen por objetivo hacer mirarse a uno mismo. Sobre las relaciones con los demás, el egoísmo innato a la condición humana, el poder del capitalismo, la manipulación que ejerce una herramienta que se ha vuelto fundamental como la publicidad, la ventaja del sexo femenino sobre el masculino, la identidad y la importancia que le otorgamos y cómo cuidamos de guardar nuestros secretos y nuestra intimidad, la hipocresía, incluso esquizofrenia –como se dice en la novela- de las personas que apoyan cierta causa solidaria para después irse de cena, de putas, de copas, etc. y olvidarse del asunto, si es que alguna vez pensaron en él, el idealismo de la pujante juventud para convertirse, con el paso del tiempo, en un molde de algo contra lo que luchaban, la bajeza moral/ética y falta de conciencia de políticos y ONGs y más gente que roba con descaro, la inutilidad de cualquier acción para intentar "cambiar el mundo a mejor" (y lo ridículo de la expresión), la mediocridad de la personas y la poca importancia de sus vidas, etc. Etc. En ese sentido, es un libro fértil, que invita a la reflexión; con el desenlace final da un contraste mayor a lo que pretende comunicar. Pero el timorato y hasta banal y poco verosímil argumento, le resta fuerza; creo que tampoco contribuye algún lucimiento suyo personal en el manejo del lenguaje que poco contribuye a dotar de interés el argumento, más bien lo contrario, hacen que pierda fluidez y agilidad, o el abuso de explicaciones de ciertos significados, la repetición de ideas en una misma frase, la sobreabundancia de aclaraciones de ciertos aspectos.



En cambio, me gusta mucho su inventiva y dinamismo para crear diálogos y hacer que funcionen, en la que en esta ocasión creo que se prodiga poco. Los diálogos son vida, un respiro, un cambio de ritmo que no deben desdeñarse así como así; contribuyen a coger oxígeno, a ganar en fluidez e interés si están bien escritos, y esto es algo que Olmos sabe hacer muy bien. Personalmente creo que Fátima es un filón desaprovechado por el autor, posiblemente también Eduardo; apenas son trazados, se centra demasiado en el protagonista y sus demonios, olvidándose del resto. Especialmente Fátima podría ser esa chica de la portada: activa, luchadora, positiva, inteligente, ingenua, con ganas de comerse el mundo. Y parece que lo es, pero nos quedamos con ganas de más.

En definitiva, no me ha parecido una obra redonda, ni mucho menos; creo que le falta fuerza, chispa y capacidad de despertar el sentimiento empático en el lector, además de un argumento con mayor consistencia. En cambio sí es en cierto sentido experimental y arriesgada, e incluso interesante, pero fallida al fin y al cabo. Tampoco por ello una mala novela. Quizá es que servidor esperaba más; creo que buena parte de la narración se pierde por recovecos intrascendentes. Ello no es óbice para reconocer que la novela, en sus altibajos, tiene puntos álgidos notables.

PS: también me parece advertir un guiño a su primera novela “A bordo del naufragio” con la referencia a Pessoa.

PS2: y muchas citas interesantes, como las del ¿ficticio? Zacarías Munt: "Saber la verdad no nos impide actuar como si no la supiéramos. Saber la verdad es inútil, lo único útil es otra realidad."

Título: Ejército enemigo
Autor: Alberto Olmos
Editorial: Mondadori
279 páginas

viernes, 22 de abril de 2011

El ojo, de Vladimir Nabokov

Como viene siendo habitual en los libros de Nabokov, siempre me salto los prólogos del propio autor, escritos años después de las novelas, que siempre te desgranan parte de la historia. No lo hago porque considero que sea fundamental no conocer de que trata la historia (me encantó Trainspotting de Irvine Welsh, leído tras haber visionado la película de Danny Boyle en dos ocasiones), sino porque la incertidumbre del libro, el desconocimiento total o ligeramente parcial, empujan, al menos en mi caso, a agarrar el libro con más ganas. No obstante, reconozco que una ligera reseña siempre viene bien, para saber a grandes rasgos, de qué va a tratar. Con Nabokov creo que da igual, es un autor (artista) recomendadísimo. Siempre se aprende algo, se encuentra alguna cosa, se emociona uno, de alguna manera, con un libro suyo. Es un maestro.

Pues yo no existía; sólo existen los millares de espejos que me reflejan. Cada nueva amistad aumenta la población de fantasmas que se me aparecen. Viven en algún sitio, se multiplican de alguna forma. Yo solo no existo. Sin embargo, Smurov continuará viviendo durante largo tiempo. Los dos niños, esos discípulos míos, crecerán y alguna imagen mía vivirá en ellos como parásito tenaz. Y luego llegará el día en que morirá la última persona que me recuerda. Como un feto al revés, mi imagen también se desvanecerá y morirá dentro del último testigo del crimen que cometí por el mero hecho de vivir. Tal vez una historia casual sobre mí, una simple anécdota en la que aparezco yo, pasará de su hijo a su nieto y así mi nombre y mi espíritu aparecerán de en cuando durante un tiempo más. Luego llegará el fin.(p.134)


Esta cita, de la parte final de la novela, resume perfectamente el argumento y las inquietudes que al autor trata de reflejar. También es una historia de amor, una patética historia de amor no correspondido. Y una historia de "forzados exiliados". O de relaciones humanas. Pero el quid, el núcleo, la materia gris de El ojo, a mi parecer, es ésta. Nabokov va jugando con el lector y también con sí mismo, de forma que trata de explorar la propia vida del protagonista a través de sus ojos "fuera del cuerpo" y de los ojos "de los demás". Parece inquietarle, o al menos interesarle, la imagen que tenemos de nosotros mismos (si es que tenemos una concepción clara, ya que la vida es dinámica, y el ser humano experimenta numerosos altibajos a lo largo de los años, meses, días, horas, minutos e incluso segundos...) y la que tienen los demás. Porque proyectamos una imagen que depende de nuestro comportamiento, de nuestras decisiones, de nuestra forma de actuar, hablar, etc. y de las interpretaciones de nuestros compañeros de viaje en la vida e interlocutores (más o menos fieles, más o menos casuales). De esta forma, en este juego de espejos que es la vida; uno mismo es de muchas y diversas formas, es visto a través de diversos prismas, direcciones, puntos de vistas, y juzgado, por tanto, distintamente. Otro aspecto a destacar es el de la inmortalidad, vista como el no-olvido de la persona, el de una imagen cualquiera de la persona, el de una anécdota, del nombre,... a lo largo de generaciones y generaciones, hasta perderse en el abismo de la desmemoria. A lo que aspira todo artista. En ese sentido: autores como Homero tienen mucho mérito.

Asimismo, me gustaría destacar otras citas, referencias, disyuntivas; que (casi) todo ser humano con capacidad de raciocinio ha experimentado alguna vez a lo largo de su vida.

“La idea de la muerte, que antes me había asustado tanto, era ahora una cuestión intima y simple. Estaba asustado, terriblemente asustado del dolor monstruoso que podía causarme la bala; pero ¿asustado del negro sueño de terciopelo, de la oscuridad eterna, mucho más aceptable y comprensible que el insomnio de la vida?” (p.36)

¿Qué me importaba que fuera estúpida o inteligente, o cuál hubiera sido su infancia, o qué libros leía, o lo que pensaba sobre el universo? Realmente no sabía nada sobre ella, cegado como estaba por ese enamoramiento ardiente que lo sustituye y lo justifica todo y que, al contrario de un alma humana (a menudo accesible y apropiable), no puede ser aprehendido en modo alguno, del mismo modo que uno puede incluir entre sus pertenencias los colores de las nubes a la hora del crepúsculo sobre las casas negras, o el olor de una flor que uno respira incansablemente, con las fosas nasales tensas, hasta la intoxicación, pero sin sacarlo nunca por completo de la corola” (p.97)

“Es terrible cuando la vida real de pronto resulta ser un sueño, ¡pero cuánto más terrible es aquello que uno creía un sueño –fluido e irresponsable- comienza a convertirse de pronto en realidad!” (p.128)


¿Qué es peor: la muerte o la vida? Una vida llena de penurias, sufrimientos, temores, miedos, y por otra parte, capaz de proporcionar las más intensas alegrías, sentimientos, emociones. Excelente también me pareció la descripción del "flechazo", ése que hace que cuando vislumbramos a alguien a priori "especial", inmediatamente o casi, nos hace caer rendido a sus pies. Ocurre un clac en nuestro cerebro, se enciende (¿o apaga?) un interruptor, y sin conocer a esa persona; la adoramos, la tememos, deseamos estar junto a ella toda la vida. Se suele decir que la vida es un sueño, que pasa volando, en un suspiro de la niñez a la vejez; es nuestra memoria selectiva la que acorta los plazos y hace olvidar premeditadamente ciertas situaciones y vivencias. Muchas veces los sueños se vuelven pesadillas y viceversa.

Título: El ojo
Autor: Vladimir Nabokov
Traducción: Mireia Bofill
Editorial: Jucar
135 páginas

lunes, 18 de abril de 2011

Lecturas prestadas (II)

EL LECTOR, de Bernhard Schlink

El lector es una gran historia de amor; pero también una sutil reflexión sobre la condición humana. Lo mejor de esta historia es que no moraliza, o al menos, no lo hace desde un pedestal; ése que se autoatribuyen los charlatanes.

LA SEÑORITA ELSE, de Arthur Schnitzler

Monólogo interior con desenlace trágico y diversas interpretaciones, como todo lo que hace este autor. Retrato psicológico de una adolescente que, podríamos afirmar por primera vez, se ve forzada a actuar como una adulta; en el sentido más miserable de la palabra. En cambio: no parece preparada, la situación le supera; una vez acaba la levedad de la vida la apariencia de seguridad y fortaleza que trata de transmitir desaparece. Muy bien logrado e hilvanado: se masca la angustia de la protagonista, así como el choque de la situación que le está tocando vivir con el de sus valores morales, y la vergüenza (¿e inseguridad?) en la que le sume el quebrantamiento de éstos. ¿Qué es más importante: la familia o la rectitud de pensamiento? ¿En esto consiste la edad adulta; no es sólo un juego (el juego del flirtreo, del amor, de la imaginación, de los sueños, etc.)? Por otra parte: el relato está lleno de contradicciones, muy acorde con la edad de la protagonista (o la condición humana, más bien debería decir), que no sabe lo que quiere (¿o lo sabe demasiado bien? Esa barandilla de mármol frente al mar...) ni cómo enfrentarse a la vida que le toca vivir. Mezcla monólogo interior con acción-conversación. Apenas un brevísimo lapso de tiempo que da para mucho. Precisamente Schnitzler es citado en El lector, como un autor que "ladra pero no muerde".

EL LORO DE FLAUBERT, de Julian Barnes

Excelente biografía que mezcla ficción y no ficción; en la que el narrador adquiere un papel protagonista; en cierto modo parecido a Soldados de Salamina en cuanto a concepto, pero muy distinto en la prosa, la elaboración, en el uso del humor. Un humor muy inglés, negro y ácido, que ronda a lo largo de todo el libro. Así: nos podemos imaginar a Flaubert como un bufón, o como alguien distinguido al que gusta de bromear y hacer el payaso, o como a un genio incomprendido, o como a un niño mimado cómodo con su situación, etc., etc.

martes, 5 de abril de 2011

Lecturas prestadas (I)

EL BAILE, de Irène Némirovsky

Relato breve que muestra el mundo desde el prisma de una niña de 14 años con tremenda verosimilitud. Una niña que quiere ser niña para algunas cosas y adulta para otras. Muestra, también formidablemente, la bajeza y el egoísmo humano: aquí no hay buenos. Y por supuesto, la importancia de las apariencias, el estatus, el dinero, la fama,... La mentira como vía y forma; la farsa que es la vida.


VENTAJAS DE VIAJAR EN TREN, de Antonio Orejudo

Ingeniosa historia en tres partes: más bien son dos relatos que encuentran nexos de unión para fundirse en novela. El relato dentro del relato dentro del relato dentro del relato... y la experimentación de estilos. Además, una visión de la vida humorística (humor negro) pero sombría, perturbadora e irónica. Creo que le falta algo de fuerza narrativa.

Comienzo espectacular:
Imaginemos a una mujer que al volver a casa sorprende a su marido inspeccionando con un palito su propia mierda. Imaginemos que este hombre no regresa jamás de su ensimismamiento, y que ella tiene que internarlo en una clínica para enfermos mentales al norte del país. Nuestro libro comienza a la mañana siguiente, cuando esta mujer regresa en tren a su domicilio tras haber finalizado los trámites de ingreso, y el hombre que está sentado a su lado, un hombre joven, de nariz prominente, ojos saltones y alopecia prematura, que viste un traje azul marino y lleva sobre las rodillas una peculiar carpeta de color rojo, se dirige a ella con esta pregunta tan peregrina:
- ¿Le apetece que le cuente mi vida?
Otras frases dignas de ser rescatadas:

“Salvó la vida de muchos, cuidó de todos y no quiso nunca que su trabajo se confundiese con la caridad, que de todos los egoísmos, solía repetir, es el más perverso porque se disfraza de altruismo y generosidad” (p.24)

“Si te encuentras ante una disyuntiva piensa que los dilemas morales a la hora de ganar dinero son las trampas que la burguesía coloca en el camino de los escritores con la esperanza de que caigan en ellas y sigan siendo pobres y espirituales hay que negarse a colaborar en la construcción de ese espejismo” (p.74)

“Es cierto que el mundo cambia, es cierto que tú eres vieja, podría incluso aceptar que yo soy una momia, pero las personas... las personas no cambian tanto, Helga, las personas siguen siendo las mismas.” (p.83)

“¿Para qué llevar una vida de trabajo y de honestidad intelectual? ¿Para qué consagrarse a la lectura y al estudio? ¿Para que luego una mala conexión neuronal pusiera en tela de juicio las cuatro cosas, verdaderas o falsas, en las que uno se había ido apoyando para avanzar a trompicones en esta selva de vida?” (p.94)



RETRATOS, de Truman Capote

Capote escribe maravillosamente bien: precisión, variedad de vocabulario, manejo del ritmo y la distancia. Estos relatos son una auténtica joya para dejar volar la imaginación y sumergirte en el pasado no-vivido. Su breve ensayo sobre la belleza (y el talento) (Un grupo de cisnes) es una obra maestra; también me parecieron magníficos Una adorable criatura (sobre Marylin Monroe), El duque en sus dominios (Marlon Brando como protagonista) y Recordando a Tennesse (su amigo, el literato Tennesse Williams).