miércoles, 25 de diciembre de 2019

Barbazul, de Kurt Vonnegut

Escrita desde una perspectiva irónica y con un cinismo cándido y encantador, el narrador Rabo Karabekian da un repaso a los eventos importantes de su vida (ya supera la barrera de los 65 años) a los que une las situaciones recientes en esta especie de diario-autobiografía fragmentaria. Pese a que objetivamente podríamos decir que ha tenido una vida ficticia interesante (sus padres engañados antes de nacer él, pupilo del artista más conocido de su época en Estados Unidos Dan Gregory, miembro del grupo de expresionismo abstracto y codeándose con Pollock y Kitchen, rico por accidente, implicado en una guerra donde perdió un ojo, etc.), lo mejor de esta novela es su forma de contarlo: quitándose importancia y adoptando una postura irónica y crítica con respecto a sí mismo, a los demás, a sus vivencias y a la de los demás. Digamos que en su repaso de la vida y por añadidura de la época en que le tocó vivir desmitifica todo lo acontecido y le da un barniz de realidad común, no rehuye lo ridículo sino más bien lo enfoca. Leemos toda la novela con una media sonrisa de complicidad, con algunos momentos especialmente graciosos o perturbadores o lúcidos, entre los que cabe señalar:


Podemos leer entre líneas, por ejemplo, críticas a la concepción de arte y el mercadeo de este, a la forma de vida y extravagancias de los millonarios, a la guerra y sus consencuencias, a la incapacidad para establecer relaciones humanas profundas, a la burbuja del alquiler y los barrios que se ponen de moda (tenía alquilado un estudio en Manhattan en la época en que los artistas aún se podían permitir alquilar); o hacer cierto enfoque hacía el papel secundario de la mujer en momentos trascendentales de la humanidad, el trasvase de capital intelectual de París a Nueva York, la concepción de fracaso y éxito, etc.

Además, cuando pensemos en un almacén de patatas ya nada será igual (tiene que ver con el título del libro).





El final, in crescendo, da para reconciliarse.

Valoración: 7/10.

domingo, 8 de diciembre de 2019

La promoción del 49, de Don Carpenter


Una obra breve pero muy valiosa; una pequeña joya; el estilo seco, rápido, afilado, directo, en el que encaja las palabras precisas, no exento de "digresiones narrativas" (que para mí es pasar de contar una cosa a otra sin que por ello la narración se resienta, sino al contrario), es absorbente y magistral. Con esa prosa tan sencilla (y en realidad tan difícil) logra transmitir sensaciones y sentimientos al lector, además de hacerle asimilar lo contado. El libro se basa en una serie de relatos o anécdotas donde intervienen protagonistas comunes de un instituto en la edad de adolescencia, y con él creo que Don Carpenter mitifica dicha edad que precede a la adultez, tanto en lo bueno como en lo malo: la capacidad de enamoramiento, el sentirse excluido del mundo, la firmeza de la amistad, el actuar como si la vida fuera a ser eterna (o fugaz, según desde el punto de vista en que se mire), la capacidad de caer en ensoñaciones. El final -los dos últimos relatos- es abrupto y lúcido. Creo entrever cierta nostalgia e, interpretación personal: el autor nos viene a decir que comparado, el mundo de los adultos es una mierda.

A su vez, me gustaría resaltar un pasaje que es prueba de que la narración esconde mucho más tras la prosa precisa y lacerante: como queriendo hacer ver que lo de la alta cultura es un mito y que cualquiera es capaz de apreciar una obra considerada de altos vuelos (en este caso musical), y que cualquiera tiene o puede desarrollar sensibilidades de los así considerados eruditos.



Valoración: 7,25/10

lunes, 18 de noviembre de 2019

The Square, de Ruben Östlund

Un truño. Un film pretencioso, hecho para epatar, aburrido, sin gracia. Por desgracia, Östlund opta más por el postureo moderno (bellas imágenes inconexas, muy bien rodado, blablabla) en lugar de ofrecer profundidad y cae en los tics y hábitos que supongo, quería denunciar con The Square, aunque uno no está tan seguro de si lo que en realidad deseaba era enaltecer dichas conductas. Habiendo visto con anterioridad la apreciable Fuerza mayor, las esperanzas depositadas se van perdiendo con el transcurso de los minutos, uno incluso llega a pensar que el sopor y el sueño que provoca en los primeros minutos es a propósito con la intención de mostrar las vidas aburridas y desconectadas de los (pequeño)burgueses, la impostura del arte (¿si se expone en un museo cualquier cosa pasa a ser arte?) y de los críticos/artistas/prescriptores, las actitudes civilizadas (y cobardes e insolidarias) socialmente impuestas, etc. Pero es que es todo el rato así de insulsa. Casi dos horas y media. Con secuencias que tienen difícil conexión entre sí, que no están bien entrelazadas; con algunas de supuesto humor que es bastante deficiente, etc. Por hacer una comparativa con otro film que es crítico con la parte de la sociedad que refleja, que es la misma (puede resumirse en el vacío existencial y el encorsetado social de la burguesía), Toni Erdmann de Maren Ade, de duración similar (algo superior) y rodado en la misma época, es mucho más divertido y gracioso que la descrita. Buf.



Valoración: 2/10

domingo, 17 de noviembre de 2019

Amor, de Anne Orstavik

Una novela sencilla en su prosa y en su forma, que a su pesar en ningún momento logra alzar el vuelo. Lo más novedoso es que en (casi) cada capítulo va entremezclando las vivencias separadas de los protagonistas, la madre y su hijo. Habiendo leído El extranjero de Camus, donde tras la prosa sencilla de la primera parte, en la segunda te rompe la crisma con tal exposición de alegatos y la verbosidad de los pensamientos, la comparación resulta inevitable (por no mentar a Agota Kristof). Parece claro que la autora pretende mostrar la incomunicación inevitable entre generaciones maternofiliales, o el egoísmo del ser humano en busca de la (in)felicidad, pero resulta fallida. Como mal menor: se lee con facilidad.




Valoración: 3,5/10

domingo, 3 de noviembre de 2019

Siempre hemos vivido en el castillo, de Shirley Jackson

Se puede considerar esta obra una fábula que trata de invertir los preceptos morales, derruir el concepto occidental de lo bueno y de lo malo, o al menos darle una vuelta de tuerca. Narrada desde el punto de vista de Mary Katherine Blackwood, logra que el lector se identifique y empatice con su situación, estar concernido por la narración de sus vivencias, sentimientos y pensamientos; que por ejemplo uno esté también deseando y/o imaginando la muerte (¡censuren!,¡censuren!) a los hijos-de-puta que no paran de chismorrear o burlarse de ella y de su familia. Porque aunque resulte cándida y se muestre vulnerable ante los demás, ello no es óbice para evitar desear la muerte al prójimo; reflejando la complejidad del ser humano. Es una fábula porque la historia está salpicada de detalles fantasiosos, como las continuas referencias a la Luna o el comportamiento del gato Jonas (que se diría actúa como un perro humanizado). Interesante cómo nos va poniendo en situación la autora Shirley Jackson introduciendo los detalles claves una vez ya estamos imbuidos en el personaje de Mary Kate; al principio no sabemos por qué esa inquina del pueblo hacia la familia Blackwood (se nos deja caer que puede ser por su dinero o estatus, o por su afán de separarse del resto con la valla que rodea su terreno), nos enteramos tras la visita de unas antiguas amigas de su madre (¡asesinada/muerta junto a casi la totalidad del resto de la familia por envenenamiento con arsénico en el azúcar!), tampoco hasta la llegada del primo Charles sabemos de lo que es capaz Merricat por mantenerse como siempre al lado de su hermana Constance: "De hecho, me pregunto quién seguirá aquí dentro de un mes. ¿Tú o yo?" le espeta Charles a Mary Katherine tras haberle pedido ésta a él que se marchara. A partir de este momento se declarará oficialmente la guerra entre ambos. Y como consecuencia de esta guerra, tras el incendio, nos enteramos de quien envenenó a sus familiares.

¿Hacemos bien en sentir empatía con Mary Katherine? ¿La narradora, en esencia, siempre nos manipula, y por ello resultaría necesario recurrir (en la vida real) a las distintas versiones y visiones de los implicados? ¿Una relación demasiado afectuosa y/o dependiente es por definición malsana? ¿Hasta qué punto necesitamos el contacto con el exterior para tener una vida plena? ¿El comportamiento de la masa, de la sociedad y de sus individuos, no puede llegar a ser profundamente odioso y malicioso (reacciones y actuaciones en el incendio)? ¿El arrepentimiento y la compensación (en forma de comida) redime al ser humano de sus acciones, aunque sea sólo en parte? ¿Existe más de una concepción del mundo válida? ¿Qué motivo lleva a a alguien a cometer acciones atroces como dar muerte a otras personas? ¿Bajo qué perspectiva dichas acciones dejarían de ser atroces? ¿Estar siempre castigado se puede considerar maltrato? Estas son algunas de las cuestiones que uno se plantea tras la lectura de Siempre hemos vivido en el castillo, escrita con una prosa sobria y fluida.



Valoración: 7/10.

martes, 29 de octubre de 2019

Love Streams (Corrientes de amor), de John Cassavetes

Lo que más llama la atención del film una vez terminado es su excentricidad y la perspectiva desde la que se enfocan los sentimientos, además de, por supuesto, esos planos-enfoques de genio (por ejemplo, cuando Sarah y Robert hablan y sólo se ve a Sarah sentada en la mesa (lo demás está cortado por la puerta (ver video final)). El film de Cassavetes nos introduce lentamente, o más bien de súbito y prácticamente en una única faceta, primero la vida de Robert Harmon, que pareciera vivir en un harén de mujeres, sexo y lujuria; un ser obsesionado por la belleza y por el placer, y sin embargo consumido en su interior; ya que como se muestra muy claramente, las mujeres que habita lo hacen por estar a sueldo de éste. Este esnobismo, esta libertad tortuosa, se da en gran medida porque Robert es rico, no le falta el dinero; y aún así, en ese patetismo que sería la envidia de tantísimos hombres ("libertad sexual pagada") se dan momentos de brillantez, como cuando insiste en que todas las mujeres guardan un secreto o cuando trata de ligarse a la cantante de un club nocturno y acaba tirado en el suelo. Por otra parte tenemos a Sarah, a la que el director nos muestra en pleno litigio por el divorcio con su marido y la custodia de la hija de 14 años, que en un giro sorpresivo, decide que quiere quedarse con el padre. Lo que desemboca en el conocimiento del pasado en el psiquiátrico de Sarah. ¿Y qué tienen que ver Sarah y Robert, introducidos en pantalla por separado, como en otros films de Cassavetes? ¿Serán antiguos amantes? Pues hasta bien entrados en el largo no nos damos cuenta de que son ¡hermanos!; magistralmente ocultado y revelado por el director.

En este entramado tortuoso y extraño observamos un espectáculo que a su vez, da pie a reflexionar, por ejemplo, sobre la locura y si nos atrevemos a (de)limitar sus límites, sobre el poder del dinero para tener una vida esnob y en cambio en muchos momentos infeliz, sobre las complicadas relaciones entre padres/madres e hijos/hijas, sobre el egoísmo de los seres humanos, sobre el amor (en el film se pregunta: ¿amar podría ser un arte?) o sobre las relaciones entre hermano y hermana.

Hay una escena especialmente conmovedora, seguida de otra, de tal belleza y nobleza, que por ellas mismas ya merecería la pena el visionado del largometraje. Me refiero a cuando Robert queda con la madre de la cantante del club (que en otra ocasión cuidó de él) y baila con ella y le hace sentir la mujer más maravillosa y atractiva del mundo, porque a los viejos también les gusta sentirse deseados y bellos. Al unísono, Sarah, que se siente mal, decide irse a una bolera y jugar a los bolos ella sola, donde de nuevo, y con la ayuda de un desconocido, vuelve a sentirse una mujer poderosa y eufórica. Porque y aunque a veces tendemos a olvidarlo: sentirse querido y deseado da inusitada fuerza a dicha persona.



Sin duda Corrientes de amor es una película única.

Valoración: 7,25/10

lunes, 21 de octubre de 2019

Minnie and Moskowitz (Así habla el amor), de John Cassavetes

Lo primero que llama la atención es el bullicio de la ciudad y de qué forma tan magnífica es capaz de reflejarlo Cassavetes. Y es que el director hace un cine eminentemente urbano, frenético, incansablemente intenso. La intro del film, nuevamente, magnífica: vemos a uno de los personajes (Seymour Moskovitz) vivir de su forma tan particular (en el trabajo y en el ocio), todo a ritmo vertiginoso y desde una proximidad propia del director, como si estuvieramos allí con él. Pero es que lo que sigue, con la conversación de la otra protagonista (Minnie Moore) con su amiga sobre cine, sobre el amor, sobre la vida, no anda a la zaga (se quedan plasmadas dudas como si con el paso de los años se pierde la capacidad de ilusionarse y enamorarse, comentarios de por qué en el cine todo es mucho más sencillo y además cómo nos predispone en nuestras creencias sobre la vida, amargas quejas sobre la amargura que trae la soledad y/o ausencia de sexo, etc.). Y para ahondar en el shock que nos provoca esa intensidad, a continuación la escena de celos de su amante, que no duda en pegarle por llegar tarde y borracha, más lo que se desarrolla con posterioridad. Resumiendo: cine de la hostia.

A partir de esta larga introducción es cuando se desarrollará la historia de anti-amor, o de amor poco convencional, entre Seymour y Minnie. No sin antes dejarnos brillantes momentos como la escena en el restaurante con Zelmo donde ante una afirmación de éste contesta "nací en las cataratas del Niágara, Nueva York" (que mi memoria remite a París, Texas, de Wim Wenders). Los personajes que muestra Cassavetes están despojados de ese halo de ejemplaridad o fascinación vacua que se da en la mayoría de films, aquí nos deja claro que las personas tienen sus formas de hacer y pensar totalmente imperfectas y aborrecibles o encantadoras según la mirada del observador, muchas veces rayando en la locura o neurosis. Porque la relación que se establece entre Minnie y Seymour es contradictoria, de sí pero no, primero hay que vencer a las apariencias y las convenciones (en un momento dado Minnie le recrimina que no es la cara con la que había soñado), en apenas unas horas de convivencia tortuosa se encuentran, alejan y reencuentran, dejando mientras tanto imágenes patéticas o maravillosas, matices y detalles de esta extraña conexión. Pienso, por ejemplo, en la forma en que usa Minnie esas gigantescas gafas de sol: cuando siente vergüenza (generalmente de su acompañante) y quiere esconderse, y de hecho en una escena soberbia, Seymour le recrimina que se las vaya a poner: en la cafetería, tras obeceder a sus impulsos y llamar a Seymour para que se reuna con él, con los helados, y la maravillosa sonrisa (de enamorada, de sentirse querida y por añadidura exultante) de Minnie cuando éste aparece. Antes de ello le recriminará que se toma demasiado en serio a sí misma y ella misma profundizará en su forma de vivir ("ya no sonrío", "a veces me cuesta respirar", "me siento sola"). Porque pese al ritmo frenético de sus personajes, no deja de ser un film eminentemente conversacional. Otra escena icónica, por partida doble, es la del aparcamiento, cuando tras un rifi-rafe se ponen a bailar la música que suena de la camioneta, por un lado, y después cuando Minnie se encuentra con unos conocidos burgueses y ésta, en su impulso, intenta evitar que la relacionen con Seymour. Por no mentar la escena de la canción: ejemplo de cómo ser romántico (y no ñoño) mostrando a dos enamorados cantar, por la verdad que transmiten.

El epílogo, con la reunión de las madres de ambos personajes (que en la vida real eran las madres de Gena Rowlands y John Cassavettes) sigue la línea del resto del film: resulta regocijante cómo la madre de Seymour intenta echar por tierra la boda de su hijo diciendo que es un bobo, vago, conformista, pobre, sordo, etc. y que Minnie es demasiado guapa para él. Toda la conversación, desde el inicio (cuando la madre de Seymour saluda primero a la madre de Minnie, y le comunica lo alta que es) hasta el final es excepcional.

La coda, enseñando cómo esta extraña y loca relación de personajes al margen de la sociedad llega a buen término, da lugar al óptimismo: el triunfo del amor por encima de todo. (Aunque claro, cómo dicen en el propio film, la vida no es tan fácil como en las películas, incluso en ésta).



Se le podría achacar falta de verosimilitud, demasiados ajetreo, etc. pero no se puede negar que es una gran obra de autor. Y como anécdota al margen del argumento, me quedó grabado el U-turn en la conducción.

Valoración: 8/10




PS. ¡Qué magnífica actriz es Gena Rowlands! ¡Ella sola rebosa la pantalla!

PS2. Detalles de cineasta: aparte de los planos cortos en las conversaciones, llama la atención cómo Cassavetes enfoca en muchas ocasiones al que escucha en lugar de al que habla en dichos intercambios verbales: como queriendonos hacer ver que muchas veces expresa (informa) más fijarse en quien en escucha en lugar de en quien habla.

domingo, 20 de octubre de 2019

Gloria, de John Cassavetes

Hay que tenerlos bien puestos para que en una película de suspense los protagonistas sean una mujer y un niño; personalmente arrugo la nariz cuando el protagonista es un infante en un film dirigido principalmente a adultos. En este caso la mujer Gloria, representada por la gigantesca actriz Gena Rowlands (además de musa de Cassavetes) llena la pantalla, y el niño chirría un poco; aunque bien es cierto que la historia está escrita alrededor de ellos y no podría darse sin ambos. No deja de ser una obra interesante por la acción y tensión que transmite y sobre todo por la manera característica de rodar del director (y la música empleada), con destellos de genialidad (el comienzo con el arte abstracto, la música lenta, la panorámica de la ciudad y la costarricense saliendo el autobus y llegando al edificio), aunque con quizá demasiados fallos de guión (el libro tan importante aparece y desaparece, demasiadas casualidades) y argumentalmente floja. Me da que fue un antojo de Cassavetes que quería ver a Gena de (anti)heroína, algo que por ejemplo también hizo Hal Hartley con Parker Posey en Fay Grim (con resultado decepcionante).

Antecede a El fugitivo, de Andrew Davis, en este tipo de films, aunque creo que no llega a la altura (en este caso en lugar de huir de la policía, lo hace de la mafia). Me temo que la relación que se establece entre Gloria y el niño no termina de cuajar. Mi opinión es: niños tan protagonistas en este tipo de películas es un poco meh. O tal vez sea que no me gustan los niños. Como diría la propia Gloria: "I hate kids, specially yours."




Valoración: 5,5/10

domingo, 13 de octubre de 2019

Noche y día, de Hong Sangsoo

Posiblemente sea el largo de Sangsoo más convencional -de los que he visto-, salvo por su duración (alrededor de 145 minutos), y el que menos me ha gustado, pero paradójicamente el que más perdura en mi memoria. El más sobrio y sólido, aunque lejos de la genialidad de otros de sus films. Quizá influya en mi valoración el que el protagonista principal no termina de llegarme como espectador, incluso diría que no logro empatizar con él, y que por momentos me aburre. La obra narra de las peripecias de Sung-nam en París (tras huir de EEUU, se nos dice, por miedo a que le encausen por haber fumado marihuana), una especie de Casanova à la coreana, que se ve envuelto en una relación de amistad/atracción/sexo/amor a tres bandas. Interesante cómo muestra cómo la comunidad de coreanos se agrupa, se relaciona y a veces se ayudan unos a otros, no obstante nuestro protagonista es un hombre independiente y solitario, que echa de menos a su mujer en Corea del Sur, se nos dice que un pintor de renombre en su país aunque en el film no le vemos tocar ni un mísero pincel. Vemos sus idas y venidas en la comunidad coreana de París, con episodios dramáticos como cuando conoce a una antigua novia suya (sobre todo por lo que sucederá después), la ciudad es un escenario pero también un protagonista, primero a través de su relación con Hyun-ju (familiar del tipo que le hospeda) y sobre todo con la compañera de piso de ésta Yu-jeong, de la que aparentemente se enamora perdidamente. Y es este triangulo amoroso el que ocupa la parte más interesante del film; ya que a Hyun-ju le gusta Sung-nam, pero éste está interesado en la "loca" Yu-jeong. La trama está muy elaborada y podemos llegar a preguntarnos si al conseguir por fin acostarse con ella el amor imparable se disipa. Es cierto que su mujer en Corea del Sur le dice a través de conversación telefónica (falsariamente) que está embarazada y éste decide volver a su país, no queda claro si por sentido de la responsabilidad o si por haber conseguido su objetivo. En caso de ser lo segundo (por lo que me inclino) no difiere tanto de un amorío de verano, ya que pese a las estrecheces económicas, podemos inclinarnos a pensar que Sung-man se encuentra como si estuviera de vacaciones. Las palabras, los sentimientos,  la complicidad, se ven relegados a un segundo plano. Ha habido sexo. Por fin: objetivo cumplido. Ya en su país hará como si nada hubiese sucedido y aceptará de buen grado el falso embarazo de su mujer.

Sin duda el personaje más atractivo del largometraje es el de Yu-jeong (y aquí podemos intuir ecos de Midori en Tokio Blues, la novela de Murakami), que vive una vida entre real e imaginaria; resulta chocante cuando nos enteramos (a través de las vivencias de Sung-nam) que no estudia Arte en la Universidad y que la tiraron por plagiar un proyecto; proyecto que antes se nos muestra es su gran motivo de orgullo. ¿Hasta qué punto es Yu-jeong consciente de su mentira? ¿O es cinismo? No lo creo, porque en todo momento vemos a una chica muy vivaz, espontánea, bella, etc. y sus sentimientos sí parecen verdaderos, ¿lo son?



Valoración: 6,5/10

domingo, 6 de octubre de 2019

Nobody’s Daughter Haewon, de Hong Sangsoo

Una chica que ya es mujer y su madre. La misma chica y un profesor de instituto. Una ruptura. Amor, celos, rumores, en una de las clásicas películas elípticas de Sangsoo que trata de mostrar, en síntesis, aspectos de las relaciones humanas, con esa atmósfera un tanto nebulosa, entre sueño y vigilia, típica del director. ¿Hasta qué punto llegamos a conocer a nuestra madre? ¿Una vez uno se hace adulto puede cambiar nuestra perspectiva de ella? Ante la marcha del país de la madre deciden visitar la escuela de su infancia, pasar los últimos momentos antes de su partida juntas, hacerse confesiones y valoraciones, dejar el testigo. En aquel lugar hay un motelito que es donde la protagonista se acostó por primera vez con uno de los profesores de la universidad y comenzó su relación sentimental. Sangsoo nos muestra momentos claves de ésta, así como lo quebrazida que puede ser una relación sentimental y cómo de insospechados y ridículos pueden ser los celos. Porque sentirse herido por la relación anterior de tu actual pareja (¿cómo pudo estar con ese pánfilo?) es rídiculo. Se llega al límite elástico de la relación y ya no hay vuelta atrás, por muy patéticos o desesperados que sean los intentos de recuperar los perdido. El final también parece reflejar la exhuberancia de la juventud; la protagonista tendrá tiempo para amar y tener encuentros, en cambio, ¿qué le quedará al profesor?



Valoración: 7,25/10



jueves, 26 de septiembre de 2019

El poder de la provincia de Kangwon, de Hong Sangsoo

Un film dividido en tres partes, que va ofreciendo guiños hasta que se conectan entre sí. Lo más llamativo de la primera parte son los colores que aparecen en el film y cómo aparecen: como si de un cuadro de Sorolla se tratara, reflejando luz y vitalidad, en correspondencia con las protagonistas, jóvenes féminas adolescentes. La ropa, la ciudad, los paisajes; todo derrocha vida, creo que es un efecto buscado y conseguido por parte de Sangsoo. Las chicas viajan a Kangwon con el objetivo de divertirse, es decir: visitar algunos lugares interesantes y sobre todo emborracharse y conocer a gente (¡todos hemos tenido adolescencia y postadolescencia!). Pronto conocen a un guardia y Sangsoo nos muestra una cena con las chicas y éste en donde dos de ellas, ebrias, discuten de forma amarga entre sí (como diciendo, no todo es lo que parece, bajo una amistad alegre se esconden envidias y reproches). Una de ellas, la protagonista principal Jisook, acaba tan borracha que apenas puede mantenerse en pie y es el guardia el encargado de llevarla a su caseta, actuando de una forma reprobable una vez dentro, intentando tener una relación sexual con una joven que apenas puede ejercer su voluntad, aunque sí lo suficiente para rechazarle. El director avanza en el tiempo y estamos ante el reencuentro de Jisook y el guardia unos meses después, un viaje romántico y ilusionante que se torna en decepción y fracaso, incapaces de conectar uno con la otra. Quizá los "amores de vacaciones" siempre deberían quedar en eso, no ir más allá en el tiempo; idealizados y románticos.

En la segunda parte del film, protagonizada por un profesor, creo ver influencias tarantinianas, además mostradas desde el principio, con esa conversación en el bar entre dos amigos con música de fondo, hablando sobre amantes (y por añadidura, sexo). En este caso los amigos son treintañeros. Sangsoo nos muestra la vida familiar del protagonista, que tiene mujer e hijo, y que lo que más anhela profesionalmente es conseguir una cátedra fija de profesor. Él y su amigo deciden ir a Kangwon para pasar unos días de vacaciones, y es en el tren donde se nos muestra la primera conexión entre la primera y esta segunda parte del largo, nos damos cuenta que el amigo (escena que también aparece en la primera parte, pero no lo conocíamos) choca con Jisook tras pedir comida. En Kangwon tratan de ligar con una desconocida, quedan en un lugar de la montaña, pero un malentendido (y un retraso por parte de ellos) hará que no se encuentren y poco después, nuestro protagonista se lo recrimine delante de su pareja. Es relevante este hecho porque al final de esta parte leerá que una mujer cayó por el precipicio, la misma mujer, je, mientras el hombre que la acompañaba huyó comprando un billete de avión que iba a comprar justo él; precisamente este rumor ("una mujer se había suicidado en el monte de Kangwon") también aparece en el primer tercio. El realismo mágico de Sangsoo. Imperdible la escena en la que llama a la policía, desde una cabina, para denunciar el asesinato de dicha mujer. Antes también ocurren cosas interesantes, como el adulterio hacia su mujer, ya que no duda en ir a un prostíbulo para conseguir sexo (estriptis, música europea, las rusas las más "cotizadas"). O la simbólica aparición de Jisook con las tejas: "Que mamá tenga salud."

La tercera ocurre mucho tiempo después, de nuevo la influencia de Tarantino (¿podríamos afirmar que este es film más occidental, visualmente hablando, de Sangsoo?) se hace notar con la conversación sobre alcohol y sexo entre profesores en un bar mientras suena continuamente una canción de David Bowie, en la que se entromete Jisook, que trabaja de camarera y fue alumna del profesor. El profesor se queda hasta el final y tienen un encuentro sexual. Lo más impactante llega al final, cuando retorna a su antiguo hogar, el que ocupó con su mujer y su hijo, al que hacía mucho tiempo que no volvía, donde tan sólo sobrevive un pez (simbolismo) de todo lo que dejó. La vida familiar queda destruida para siempre, consiguió su gran anhelo (ser profesor titular en una universidad importante), y entremedias todo cambió. Para bien o para mal.


 


Valoración: 8,5/10

domingo, 22 de septiembre de 2019

La mujer es el futuro del hombre, de Hong Sangsoo

Este film versa sobre el retorno a la juventud desde el momento de madurez (al menos en cuanto a edad). Mun-ho y Hyen-gon quedan tras muchos años sin verse, esos años de juventud referidos, y tras un encuentro donde se muestra las expectativas no cumplidas (en cuanto a lo que imaginaba su yo pasado sobre su yo futuro), deciden ir a visitar a una antigua novia/amante de dicha época. Pese a que ninguno de ellos es lo que podríamos llamar un fracasado, a lo largo del film sobrevuela la sensación de que la felicidad anhelada se quedó en eso, un anhelo, la vida continúa y no cabe más que seguir viviendo adaptándose a sus circunstancias actuales. Aún así, el reencuentro del triángulo amoroso resulta sublime y sórdido -aunque nada de lo que pueda escribir será mejor que verlo por uno mismo-, culminando en una noche de lo más ajetreada; siempre con alcohol de por medio, como es habitual en Sangsoo, que parece decirnos: ¿cuántos encuentros sexuales/amorosos se escaparían si no fuera por el alcohol? ¿acaso no nos otroga valentía y nos borra momentáneamente los tabúes? Las consecuencias de lo hecho llegan al día siguiente, donde tras una serie de sucesos y sentimientos (incluido los celos) cada uno vuelve a hacer la vida por su lado y se nos introduce otro aspecto en el que pensar: la atracción entre profesor universitario y alumna (y viceversa) (otra máxima que se repite en muchos de sus films); llama la atención cómo en la cultura coreana es habitual que los profesores vayan de copas con sus alumnos, que profesan un respeto inicial muy llamativo (aunque con alcohol de por medio suele desaparecer).

No deja de ser un film muy elegante, con los juegos característicos de Sangsoo (pienso en las propuestas a la camarera en la parte inicial, por parte de los dos amigos, de forma independiente; o en la introducción de historias pasadas para explicar el presente) y sus momentos hilarantes (cuando una alumna le presta un pañuelo al profesor, éste comenta ante todos: "huele muy bien... muy bien... huele realmente bien").



Valoración: 7,25/10

domingo, 15 de septiembre de 2019

En otro país, de Hong Sangsoo

Sangsoo tiene una especie de varita mágica que hace que aunque al principio no esté gustándote especialmente el film, una vez finalizado el visionado casi acabas aplaudiendo con las orejas. Se le podrá criticar la sencillez de los diálogos, "que no trata sobre nada" (las mejores conversaciones son las que no tratan sobre nada y lo hacen sobre todo), que se repite, etc.; pero en cada largometraje introduce nuevas situaciones y variantes que hace que todo cambie. Utiliza la aliteración cinematográfica, si es que ese término existe, para seducir al espectador. Es decir, sus historias son al mismo tiempo alternativas e intercambiables, con variaciones que a su vez las convierten en distintas, introduciendo elementos de unas en las siguientes, repitiendo escenas en otro escenario y otras circunstancias, variando el devenir. Juega con la realidad filmíca a su vez introduciendo sueños en estas historias alternativas que consiguen crear nuevas historias alternativas. Sin grandes artificios (utiliza una cámara fija en las escenas y el zoom para resaltar una situación o un pensamiento) pero con un genio difícil de igualar. ¿Hace un realismo mágico (a la coreana) cinematográfico? ¿Su cine es (haruki)murakamiano?

En la película que nos ocupa incluso podríamos decir que en la intro muestra su (o una forma) de trabajar: para olvidar el presente una joven cineasta (que a su vez es personaje secundario de las historias que crea) se dedica a escribir un guión, que en realidad es la película en sí. Consta de tres historias con una misma protagonista que no es la misma (en cada una de ellas está en una situación distinta), aunque en esencia sí (la forma de ser, el nombre, su atractivo innato), como queriendo decir que dependiendo de los caminos que tomemos en la vida (y tomen los que nos rodean) podemos convertirnos en, estar en determinadas situaciones, pero ay, nuestra personalidad es la que es. Anne, la gran protagonista interpretada por Isabelle Huppert, en el primer caso es una cinesta invitada por un director de cine a pasar la estancia en un hotel de Mohang, en el segundo llega sola porque espera al amante aprovechando que su marido está de viaje, en el tercero va con una amiga para animarse y olvidar que se ha separado de su marido porque le ha puesto los cuernos con una coreana. Lo importante, no obstante, está en los detalles y en cómo juega con las "realidades", como si fueran posibilidades de una misma vida, y a su vez crea esos falsos déjà vu característicos de su cine. Por poner en situación, con brevedad: en la primera historia Anne conoce a un socorrista mientras da un paseo por la playa, al que después rechaza delante de sus amigos en una barbacoa, para al día siguientes ir a entregarle una nota romántica de lo que pudo (y quiso) que hubiera sido. También se hace notar la atracción que siente el cineasta que la acoge (junto a su esposa muy embarazada). En la segunda historia el amante (también director de cine, aunque representado por otro actor/personaje) le llama diciendo que se retrasará porque llegará tarde, y antes de su llegada es donde se producen las ensoñaciones de Anne precisamente relacionadas con la llegada prematura de su amor (¿quién no ha soñado/fantaseado con su amado/a?), que podrían pasar por historias reales. Y es en una de esas ensoñaciones donde en esta ocasión aparece el socorrista, para alimentar los celos de su amado, que asimismo no quiere que les vean juntos por ser conocido. Una vez despertada, al recibir un mensaje del director en el que se lamenta por no poder acudir por complicaciones, Anne se topa con el socorrista y le sigue hasta su tienda de campaña, que acaba con una invitación de éste a que entre y ella decide rechazar. Después su amado le dará una sopresa, que será seguida con detenimiento por el socorrista con unos prismáticos. En la tercera historia Anne conoce al conocido director de cine que aparece en la primera escena, que a su vez quiere ligar (y que también ha ido a Mohang con su mujer embarazada) con ella. Como novedad (además de su amiga) respecto a las dos historias anteriores, un monje budista cobra protagonismo, y a su vez es mostrada su extraña forma de pensar. En ésta última Anne conoce también al socorrista en la playa (como en la primera historia), aunque con soju (bebida alcohólica coreana por antonomasia) de por medio, y por fin acaba como querríamos que hubieran acabado las dos primeras. No es tema baladí el detalle del soju, Sangsoo parece reflexionar acerca del papel del alcohol para que actuemos (los humanos) como queramos en materia social y sexual, para desinhibirnos de la realidad y de las preocupaciones y de los prejuicios. Mas las conversaciones y las repeticiones y alteraciones de dichas conversaciones en distintas situaciones son la esencia del film.

Un film que también tiene sus momentos cómicos, especialmente en los que la novia embarazada del director cobra protagonismo.



Valoración: 6,75/10.

domingo, 8 de septiembre de 2019

La virgen desnudada por sus pretendientes, de Hong Sangsoo

Me encanta cómo Sangsoo juega con sus espectadores y el cine autorreferencial que es capaz de confeccionar. La tercera película del director tiene una estructura similar a la que repetiría después en Ahora sí, antes no; pero creo que La virgen desnudada por sus pretendientes es aún mejor. Los primeros 55 minutos de film están dedicados a narrar la historia de un romance, centrándose en la perspectiva del hombre (Jaehoon) y con la cámara deleitándose en los paisajes urbanos y los escenarios cotidianos (existe un plano dentro de un taxi que nos puede retrotaer a Noche en la Tierra de Jarmusch, aunque la situación sea distinta), siendo la mujer (Soojung) el objeto de deseo. Está narrada con una parsimonia que permite al receptor encadilarse y remolcarse en la belleza de las imágenes, de las situaciones, de las conversaciones. Hasta ese momento, con sus caracterísiticas intrínsecas (Soojung es virgen), podríamos decir que es una historia convencional. Y entonces llega el cambio, el juego en el que nos ha introducido acelera el ritmo desde una perspectiva más cercana a la de Soojung: se narra "lo mismo" con sus añadidos y variaciones, de forma que incluso se entremezclan los "recuerdos" de la primera parte con esta segunda, de forma que podríamos tener una falsa sensación de déjà vu, porque la historia cambia. Me refiero, por ejemplo, al momento en el que Soojung confiesa al director de cine que es virgen pero que lo intentó hasta dos veces con un buen amigo, y no podemos obviar que en la primera narración Jaehoon intenta desvirgar en dos ocasiones a Soojung. Magnífica forma de jugar con nuestra mente y nuestra memoria, porque dicho momento de esta segunda narración "clonada" antecede cronológicamente a la de los encuentros con Jaehoon. De forma similar, la escena donde el director le quiere enseñar una cosa graciosa a Soojung y se mete por un callejón, que termina con un intento de violación por parte de éste, nos retrotrae al momento de la primera narración donde Jaehoon también le quiere mostrar algo gracioso y termina con un beso no correspondido. Creo que esta segunda narración es más obscena (nada más comenzar nos introduce al hermano de Soojung en la escena de la paja) y sórdida, se fija menos en los detalles bellos, va más al grano. Tras asistir a estas versiones alternativas y al mismo tiempo entremezcladas del (intento de) romance (muy sustanciosas), queda la parte final, que no es otra que la del triunfo del amor y la desvirgación. Todo muy sórdido y al mismo tiempo atractivo (por lo que podríamos concluir que se impone la segunda narración a la primera). Resulta llamativo el patetismo con el que el director muestra las relaciones sexuales, algo de lo que ya escribió por ejemplo Philip Roth en El animal moribundo.

Genial.



Nota: 9/10.

PS. Muy interesante las opiniones acerca de hacer cine y la forma de mostrar el trabajo dentro de él.